De niño fanático a director de la Fiesta Nacional de la Vendimia

De niño fanático a director de la Fiesta Nacional de la Vendimia

Por 11/01/2016 13:36

Por: Paola Alé – Diario Uno

Una vez Alejandro se escapó. Tenía 9 años y decidió irse solo a trepar los cerros. Era el sábado de Vendimia y nadie de su familia lo quería acompañar en esa travesía. Como ya tenía dotes para la actuación, su padre supuso que lo había convencido para imaginarse la Fiesta, y no observarla en vivo y en directo. Pero la decisión estaba tomada: se escaparía. Sin embargo, la aventura concluyó en captura familiar. Lo encontraron y lo regresaron a casa.

De todas maneras, el fanatismo del chico terminó ganándole a la determinación familiar de no asistir. “Al final me llevaron, no les quedó otra”, afirma en el comienzo de esta entrevista con Diario UNO Alejandro Grigor, el director de la próxima Vendimia de la identidad, quien desde chico fue amante de la actuación y protagonista imaginario de la Fiesta, hasta que el sueño se concretó en la dirección de tres espectáculos nacionales.

–¿Desde cuándo sentiste inclinación por el teatro?
–Comencé desde niño en teatro. Me escapaba los sábados a unos talleres de actuación. Siempre sentí inclinación por lo artístico. En el secundario elegí mal, y por seguir las ideas de mi hermano mayor, que era mi ídolo, estudié en la escuela de química.

–¿Terminaste el secundario en esa escuela?
–Sí, terminé, pero lo bueno es que había un grupo de teatro, y yo me metí. Hicimos la primera obra, que se llamó Quién lleva los pantalones. Tenía 13 años y desde ese momento nunca paré de actuar.

–¿Luego elegiste esta carrera universitaria?
–Lo primero que hice fue inscribirme en los talleres de Rafael Rodríguez, un gran maestro; hacía un teatro muy difícil. El próximo paso fue la Facultad de Teatro y después me fui a estudiar a la escuela de Lito Cruz, en Buenos Aires.

–¿Tu intención era quedarte en Capital?
–Al principio sí. No me hallaba en Mendoza. Me gustaba pero tenía el berretín de adolescente, de querer ser famoso. Hasta que después no pasó ni por mi alma ni por mi ser ese sentimiento de la fama y la frivolidad.

–¿Qué tipo de teatro te gustaba hacer en ese tiempo?
–Con la rama de Rafael Rodríguez, veníamos de un trabajo de investigación, un teatro muy profundo. Shakespeare. De por sí siempre me ha gustado el drama, para la comedia no sirvo. Y para mimo, menos (se ríe).

–¿Nunca hiciste nada relacionado con la comedia?
–No, porque el drama era lo mío y lo hacía con fluidez. Con 23 años montamos A puertas cerradas, una obra de Jean Paul Sartre, con Ivana Catanese, David Ponce, llegamos a irnos a La Habana (Cuba), al festival de teatro. Después me metí en el mundo del cine.

–¿Cómo fue esa etapa del cine?
–Empecé a hacer bolos, fui figurante. Estuve en Siete años en el Tibet, estuve en Iluminados por el fuego. En esa época yo vivía en San Luis, estaba participando en un proyecto. Hicimos una obra de teatro trabajada con las escuelas, estudiantes de secundaria. Entre todos realizamos una creación colectiva, pero con el acompañamiento de psicólogos, médicos y psiquiatras. El tema era tocar las aflicciones que tenían los adolescentes. Hicimos dos obras: Darse vuelta y Salir I y II. Planteamos problemas de los adolescentes, sobre el suicidio, alcoholismo, embarazo, inconsciencias que tenemos a esa edad. Funcionó muy bien, viajamos a Buenos Aires con la obra.

–En ese momento te enganchaste con la movida cinematográfica de San Luis.
–Sí, se estaba filmando Iluminados por el fuego y me presenté al casting y me eligieron. Hice estas dos películas y participé en la novela brasileña Terra nostra, porque mi hermano estaba en Brasil, y yo me había quedado a vivir allí por siete meses.

–¿Cuál fue tu papel en esa novela?
–Siempre me elegían para hacer de inglés. También en la película.

–Debés dar el perfil para eso.
–Puede ser o fue una casualidad. Lo cierto es que me relacioné con el mundo del cine y la publicidad. Actué en propagandas, también hice algunos trabajos publicitarios en Mendoza. Siempre relacionado con la actuación.

–Además de teatro, ¿a qué otra actividad te has abocado?
–A la gestión cultural. De hecho hice una tecnicatura en España.

–¡Tu vida ha sido muy nómade!
–No tanto. Soy muy apegado a mi familia y a mis amigos, me cuesta dejarlos. Al principio tenía la fijación de irme. Pero después se me pasó. De todas maneras, viajar me abrió mucho la cabeza. Todos los años me iba a pasar las fiestas o el Carnaval de Brasil y eso me conectó con el espectáculo a gran escala.

–Esto que me decías de que tu familia fue reticente en un principio a tu relación con el teatro, ¿después cambió?
–Claro, mi madre es sumamente evolucionada. Tuve un padre genial que me apoyó en todo, y mi hermano que también me impulsó a volar solo. Al mismo tiempo, trabajaba en el Estado, en el Registro Civil. Me costaba, porque trabajaba, hacía horas extras, y estudiaba en donde fuera: en el micro y después en la facultad.

–¿Hiciste alguna obra en Buenos Aires en la época en la que estudiabas allí?
–Trabajé en el Jorobado de Notre Dame, hice “extra, de extra, de extra”, porque no puedo cantar ni el Arroz con leche. Soy absolutamente desafinado. Tampoco puedo bailar, ¡a no ser que tenga un fernet encima!, no me importaba nada. Yo quería participar.

–¿Todavía actuás o desde que dirigís ya no lo hacés?
–Reconozco que ahora no estoy inmiscuido en la actuación, pero tengo ganas de que me dirijan, de armar obras. Pero en los últimos cuatro años no se me ha ocurrido hacerlo. Quizás porque después de las vendimias uno termina sumamente exhausto o porque el trabajo grandilocuente de Vendimia me brindó la experiencia para animarme a armar otras producciones grandes.
–¿Qué otras grandes puestas has armado?
–Privadas, eventos artísticos, contrataciones de show. El último megaevento que hice fue la parte creativa de La Brújula. Esos grandes eventos son de trabajarlos unos tres o cuatro meses antes.

–Me imagino que con los preparativos de Vendimia comenzarás aun antes.
–En mi caso, cuando voy a armar una Vendimia, con mi equipo comenzamos a pensar, a escribir, a imaginar desde abril o mayo del año anterior.

–¿Cómo te vinculaste con esta temática?
–De chico me impactó la primera vez que fui al Teatro Griego. Yo tengo primos muy mayores, bueno, no tan mayores, se van a ofender; ellos y mi hermano decidieron ir a los cerros. Yo fui, tenía seis años. Desde ese momento quedé impresionado con la magia de la Fiesta.

–¿Seguís sintiendo eso ahora?
–Totalmente, lo siento de la misma manera.

–¿Después cómo seguiste esa relación con la Fiesta?
–Les tocó a mi hermano y a mi papá llevarme todas las noches de Vía Blanca. Alucinaba con los carros y la puesta en escena, con los colores, con la magia de Vendimia.

–En teatro, ¿te ha quedado alguna asignatura pendiente?
–Mi sueño dorado sería hacer Eqqus y el Zoo de Cristal. Espero concretarlo algún día.

 

 

 

 

Fuente: http://www.diariouno.com.ar/

Fuente:
Visite el artículo original para una mejor experiencia.